“MENELIK” EL GLADIADOR INVENCIBLE

El legendario “Menelik” cosechó muchos lauros entre 1945 y 1950.
Toda actividad competitiva alcanza fama gracias aquellos que marcaron records o que por sus hazañas se hicieron famosos y hasta inmortales. Las peleas de toros no son la excepción, pues tienen como astro al toro “Menelik”, un astado nacido en el distrito de Socabaya que dio mucho que hablar durante la década del 40 del Siglo pasado.
Nosotros no lo conocimos, pues nacimos muchos años después de su muerte, pero existen testimonios y relatos impresos y hasta información en Internet, lo que demuestra que no fue un toro cualquiera sino un verdadero gladiador de las peleas de toros al que los agricultores de hoy, siguen reconociendo.
En esta ocasión trataremos de hacer un resumen de su historia tomando como referencia lo escrito por el periodista Manuel Rodríguez Velásquez (MAROVE) en su libro: “Las Peleas de Toros de Arequipa” y los datos que aparecen en la web de la Asociación de Criadores, Propietarios y Aficionados de Toros de Pelea de Arequipa).
“Menelik” en la campiña de Arequipa, es el más trejo de los toros de pelea en toda la historia de este pueblo viril y rebelde. Según contaba Jesús Lazo Montoya, quien vivía en una casita del distrito de Paucarpata y fue uno de sus últimos dueños; el famoso vacuno fue hijo del bravo astado “Palomo” perteneciente a un agricultor de apellido Medina.
Se dice que durante la feria agropecuaria de 1940, realizada en el Vallecito, “Palomo” engendró al torito en una vaca chola campeona, de propiedad de Baltazara Lazo, según el libro de MAROVE, o de la familia Zegarra – Bueno, según la ACPATPA. Lo cierto es que el cuadrúpedo nació después que Arequipa celebró su Cuatricentenario de Fundación Española, como un presente que la madre naturaleza le dio a la Ciudad Blanca para incrementar su fama.
Fue un día cualquiera del mes de abril de 1941, que la vaca chola, en la Pampa de Socabaya, parió un torito feo, cabezón, chato y con unas astas enormes. Carecía de la estampa de los astados corrientes, pero ¡Qué hermosas armas! –exclamaban los lonccos que los vieron crecer, refiriéndose a los pitones dispuestos para la embestida. “Era huicho de flaco este animal y ahora esta gordo”, comentaban sus propietarios que se dedicaban a comercializar ganado, previamente engordado en los pastizales de Siguas.
El torito feo fue llevado también a Siguas y allí su nuevo propietario Alejandro Lazo lo junto con toros asesinos traídos de la sierra que constantemente lo atacaban. Con el paso del tiempo el mamífero aprendió no sólo a defenderse sino también a agredir a sus similares y más adelante corneaba a yeguas y caballos, lanzándolos lejos malheridos y hasta muertos.
Un día un loncco arequipeño de nombre Noé Núñez, viajó hasta Siguas en busca de un buen toro para su yunta y al ver al toro de enorme cabeza y cuello lo compro sin vacilaciones. Pero grande fue su decepción al comprobar que el cuadrúpedo odiaba el trabajo, pues en la chacra permanecía estático y no tiraba el arado, aunque lo castigaran con el zurriago. Núñez convencido que el toro no servía para abrir surcos lo vendió y el comprador resultó ser Guillermo Pauca, quien también necesitaba un cuadrúpedo para su yunta. ¡Surco, surco, carajo! gritaba su nuevo dueño, pero igual el torito ni un centímetro avanzaba aunque le metieran golpe.
En nuestra nota anterior, dejamos sentado que Guillermo Pauca era un loncco aficionado hasta la remaceta a las peleas de toros, es decir, como dice mi colega Octavio Huaco del Carpio, tenía el mismo gusto que las vacas. Pauca amargado por el mal negocio hecho y tratando de animarse dijo: -De repente este toro ocioso sirve para las peleyas. Sin pérdida de tiempo inscribió a su animal en unas peleas a realizarse en Tiabaya, su oponente sería un cuadrúpedo de Daniel Paz y Basurco. Para ello, el toro ocioso fue bautizado con el nombre de “Menelik”, igual que un feroz león africano de un circo que por ese entonces vino a Arequipa.
Aquella vez quienes pensaron que se trataría de una pelea más de relleno se equivocaron, pues “Menelik” tras ensartar a su contrincante lo hizo huir bramando de dolor. Mientras Guillermo Pauca sacó pecho al descubrir que en su chacra tenía a todo un gladiador, a partir de entonces a todo el que encontraba le hablaba de los dotes de su engreído, que ya mejoró su facha y fue inscrito para una segunda pelea, esta vez en una chacra de La Apacheta.
El adversario era ahora un fiero cuernúpedo del agricultor Luis Alberto Guillén. Ante numeroso público “Menelik” se trabó en duro y espectacular combate con su rival y nuevamente demostró su destreza al ensartar por debajo de las orejas a su contrincante, luego lo levantó en vilo y lo arrojó a tierra. El pobre toro herido, bramó de dolor y emprendió veloz retirada.
Así la fama de “Menelik” fue en ascenso y trascendió las fronteras de la verde campiña hasta llegar a la Ciudad. Producto de esto la cantidad de aficionados fue en aumento. En cierta ocasión se organizó un programa en Sabandia, hasta donde concurrieron gentes de todos lados y condición social para ver el duelo entre “Memelik” y “Smeling”, un coloso que era invencible y de propiedad de Ángel Castro, un criador de toros de pelea muy reconocido en ese distrito.
“Smeling” era un combatiente musculoso de más de 600 kilos, por eso su dueño estaba seguro de su victoria frente un toro chato que apenas superaba los 500 kilos (carcasa) y no dudaba en apostar dinero con quien fuera. Guillermo Pauca, por su parte, andaba afligido porque “Menelik” aparte de ser ocioso, le estaba despanzurrando a sus caballos (incluida una de sus yeguas favoritas); además alimentarlo demandaba mucha inversión y las peleas no arrojaban monedas, pues en aquel entonces sólo eran medios para captar público para las kermeses, organizadas con la finalidad de recaudar fondos destinados a obras comunales.
Por eso, Pauca se decidió a venderlo después de esa pelea, gane o pierda. -“Aunque sea lo rifo”, sentenció. Y así fue el día de las peleas además de los kioskos donde se ofrecían cuyes chactados, rocotos rellenos, chicharrones, gaseosas y cervezas, también se instalaron mesas para vender boletos de la rifa del toro “Menelik”.
El vendedor de los boletos, Juan José Cárdenas voceaba: -¡Llévese a “Menelik” por apenas 5 soles, pruebe su suerte señor, señora, señorita!
Entre los aficionados que sacaban sus monedas para comprar un boleto, un viejo loncco, llamaba a su ccoro maltón: -Veni pa´ cá Jesús. Vas a comprar tu el numerito pero no abrás los ojos. El muchacho obediente sin mirar extrajo el boleto. Luego don Jesús Lazo Montoya, como tenía que recoger a su ganado, se retiró indicándole a su hijo: -Toma el número y te vas ande mi compadre Tomás Cárdenas y le pides una reata para llevar al toro que me voy a sacar. El joven Jesús, un estudiante del Colegio Nacional de la Independencia Americana, incrédulo acepto el encargo de su padre.
El vendedor de la rifas anunció a todo pulmón que el último número de la rifa en cantarse seria el ganador; y uno a uno fueron sacados los boletos y ya de noche el último en salir fue el billete que compró Lazo Montoya. Saltando de alegría el chiquillo Jesús se abrió paso entre la multitud para recoger el premio, aseguró del cuello a Menelik con la reata prestada y marchó por todo Paucarpata ante el griterío y aplausos de los lugareños. Al llegar a su casa su padre improvisó una fiesta con mote, chicha y resacau para celebrar su suerte.
Sin embargo, la alegría duró poco, ya que pronto Jesús Lazo Montoya descubrió que el toro cabezón y corpulento no servía para la yunta y para poder cubrir los gastos de su alimentación no encontró mejor salida que alquilarlo a los aficionados de peleas de toros. Así don Jesús a veces recibía 50, otras 40 y hasta 30 soles, ingresos que le permitían aligerar la carga de la crianza, a parte sentía regocijo de ver a su “Menelik” ganar cada una de las peleas. De esta manera, prestó su toro al Comité Pro Refacción del Templo de Paucarpata, oportunidad en la que se enfrentó a un hermoso animal llamado Conquistador que, al igual que otros, tuvo que tragar el polvo de la derrota no sin antes ser levantado en vilo.
¿A cuántos toros derrotó nuestro gladiador? Ni don Jesús Lazo, su propietario lo supo. Lamentablemente la memoria es frágil y el periodismo de aquella época no se preocupó por llevar un registro de sus peleas. Lo cierto es que “Menelik” cosechó tantos laureles por derrotar a casi todos los toros engreídos de los diferentes los distritos tradicionales de Arequipa. El más duro combate lo tuvo quizás en Characato cuando se enfrentó al astado “Defensor”, ambos se hirieron y cuando parecía que por fin Menelik iba ser derrotado, súbitamente giro su enorme cabeza y ensartó a su contrincante y lo hirió de muerte. Pero a causa de esa pelea quedó seriamente lesionado de la rodilla y este fue el inicio del fin de este gran toro de pelea, que les contaremos en nuestra próxima edición.
LOS AÑOS NO PERDONAN, NI A “MENELIK”
Durante la plenitud de su vida, el toro “Menelik”, se enfrentó a varios astados reconocidos en sus distritos, resultando siempre airoso; una de sus últimas confrontaciones fue con un gran campeón llamado “Porteño” de propiedad de Francisco Camargo, agricultor de Cerro Colorado, distrito en donde se no comentaban otra cosa que la gran pelea entre tales gladiadores.
Se dice que Camargo llegó apostar a favor de su toro hasta 10 mil soles, luego tras informarse de la bravura del adversario de su engreído se bajo a 5 mil soles, por eso hasta lo tildaron de chocollo. Por su parte, Lazo Montoya, dos días antes del combate condujo a su “Menelik” a un pequeño alfalfar en Cerro Colorado, con la finalidad de que se aclimatara.
Y cuando llegó el día de la promocionada pelea de fondo, cientos de aficionados acudieron y varios apostaron pequeñas sumas de dinero entre ellos. “Menelik” y “Porteño” se agarraron con firmeza, dándose de cocachos uno al otro, pero al llegar a una acequia de la chacra los astados se separaron, el Socabayino se hizo para atrás y algunos gritaron: ¡Se va el “Menelik”! ¡”Porteño” es tuyo!. Pero contra todo pronóstico “Menelik” no corrió, se agacho y como una centella se lanzó sobre su rival, le introdujo el cacho en la oreja izquierda de su rival, levantándolo como trofeo de guerra y luego lo soltó para que huya como todos.
Algunos cerreños gritaron: ¡Está curau!, queriendo decir que “Menelik”, antes de la pelea le habían dado de beber sangre y al olerla el contrincante había huido. Pero Camargo quedó sorprendido, cuando Lazo, retiró la pelambre del cogote de “Menelik y quedó al descubierto una profunda herida de la que emanaba abundante sangre.
Más adelante, Jesús Lazo llevó a “Menelik” hasta Pachacútec para pelear contra el toro “Sin Barra”, allí nuevamente ganó la apuesta y retornó triunfante a Paucarpata. Y así se hizo también de otros triunfos frente a “Los Medanos”, “Salaverry” y otros durante su carrera de peleador realizada entre 1945 y 1950.
Según cuenta Manuel Rodríguez Velásquez, “Menelik” en el ocaso de su vida y con una pata lesionada, fue vendido al agricultor Germán Polar y su última pelea fue en Porongoche frente al toro “Damasco” de propiedad de Alberto Guillén, pero allí no enfrentó a su rival, el gladiador invencible con dificultad se retiró del campo de batalla, avergonzado porque ya no podía pelear. Pues los animales al igual que los hombres se rinden un día ante la vejez.
Así un día que ya nadie recuerda, “Menelik”, el mejor toro de pelea de todos los tiempos que ha tenido nuestra campiña arequipeña, viejo y enfermo tras ser explotado por sus propietarios (no recibió justo trato, ni buena alimentación y menos atención veterinaria) marchó como un fantasma por las calles empedradas de Paucarpata rumbo al matadero que en ese entonces se ubicaba en Yanahuara. Tras ser beneficiado, su carne al igual que la de otras reses fue trasladada por el tranvía eléctrico hasta el Mercado San Camilo, para ser vendida a los pobladores que sin saberlo se alimentaron en esos días de los músculos de “Menelik”.
Al día siguiente, Germán Polar dispuso el recojo de la cabeza de su toro para mantenerla como recuerdo y durante años fue la testa de “Menelik” prestada al Colegio Nacional de la Independencia Americana para ser exhibida durante los paseos de antorchas por su aniversario de fundación. La gente que se apostaba a lo largo del recorrido del tradicional desfile vibraba doblemente al escuchar lo sones de la Banda de la “I” y al ver la cabeza, recordando las hazañas del gladiador.
Con el paso de los años, la cabeza se perdió, luego se descubrió que estaba en manos de un político que llegó al Parlamento Nacional por aquel entonces. Este personaje con mucha paciencia y habilidad quitó los huesos para reducir el peso de la cabeza. Cuando la testa de “Menelik” volvió a exhibirse en el desfile de los alfeñiques, Germán Polar recobró la prenda, pero por poco tiempo, porque a los pocos meses lo convencieron para que la prestara a la primera exposición agropecuaria del distrito de La Joya, allí se extravió uno de los ojos artificiales de la cabeza disecada.
Pero esto no fue todo, sino que también Jesús Lazo pidió a Germán Polar prestado el correaje de cuero perteneciente al legendario astado con la inscripción “Campeón de Campeones”, el cual no fue devuelto. Posteriormente, la propietaria de la casa agropecuaria que quedaba frente a la Panificadora Las Américas en la calle San Juan de Dios, pidió prestada la mocha del toro por un año, a cambio se comprometió a colocarle el ojo que faltaba, pero pasaron 5 años y nada. Hasta que uno de los hijos de don Germán decidió recuperar la cabeza retirándola del establecimiento el mismo.
Pero las penurias de “Menelik” aún después de muerto no terminaron, pues uno de los hijos de Germán Polar hizo confeccionar un cuadro de cobre en cuyo centro se colocó la cara del “Campeón de Campeones”, el cual fue prestado en 1991 para una feria agropecuaria en Cerro Juli, pero a pesar de la seguridad que se tendió alrededor del cuadro de “Menelik”, igual desapareció el marco metálico, dejando sola la cabeza disecada que un año después fue exhibida en la FIA. Cabe indicar, que durante años, muchos han querido comprar esa cabeza ofreciendo hasta 8 mil dólares por ella, pero los Polar no la sueltan.
Según narra también MAROVE en su libro: “Las Peleas de Toros en Arequipa”, “Menelik” tuvo un hijo al que bautizaron con el nombre de “Despierto” que también fue excelente peleador y fue vendido al criador Marcos Castro; “Tigre” fue otro de sus hijos, bravísimo toro al que victimaron por haber ganado todas sus peleas, no sin antes procrear buenas hijas, una fue a parar a Tacna y fue galardonada por producir 36 litros de leche diarios. Se dice asimismo, que los afamados astados “El Cordovés y El Gitano” fueron bisnietos del gran “Menelik”, que siempre vivirá en el corazón de los amantes de las pelas de toros.

Comentarios

willy ha dicho que…
Impresionante !!

Nunca antes habia leido una historia an apasionante como la de este bravo Toro. Una mezcla genetica que me hace acordar a Secretariat , el unico caballo de carreras que lo gano todo en estados unidos. Felicitaciones por el articulo , imprescindible para todo socabaino.
Pablo ha dicho que…
más razones pa sentirnos orgullosos de nacer y vivir en AQP
cesar perea pinto ha dicho que…
unos de los mejores toros de la campiña arequipeña y tengo el orgullo de decir que mi abuelo lo anomaba al menelik i fue contratado por el señor nmarcos castro para que trabajara ahi y llego dispierto que tambien lo crio mi abuelo honorio pinto torres en sabandia
Di ha dicho que…
eso es mentira, el toro fue muy bien cuidado y muy querido, sufrian por que en ese tiempo se iba a ie a las peleas y el toro caminaba de campo a campo lo que le lesiono la pata
Vane Rios ha dicho que…
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