¨JUVENTUD DIVINA TRAJEDIA¨
La juventud es la esperanza del cambio, de la renovación de todo lo existente y la razón de por qué la vida debe continuar. Es más desde que nacimos escuchamos decir que la juventud es el mayor tesoro con que cuenta una nación.
Hoy cuando todavía no superamos la primera década del Siglo XXI, pensamos que nuestro Perú entre muchas otras muchas cosas, está perdiendo a su más cara fortuna, los jóvenes.
Hace unos días se realizó en nuestra ciudad el Parlamento Infantil y Juvenil organizado por CORITO, evento en el que participaron niños y jóvenes líderes de diferentes instituciones educativas de la Región, quienes reconocieron los graves problemas que confrontan: bajo rendimiento escolar, indisciplina, deficiente formación académica y baja autoestima.
Situaciones de fácil comprobación en cualquier centro educativo (estatal, particular o parroquial), en donde es común ver a chicos del nivel secundario con el pantalón en las caderas, con la camisa afuera, la corbata desubicada y el pelo largo o erizado como ¨pajaritos del monte¨ y las chicas tampoco se quedan atrás, la mayoría se resiste a tener el cabello recogido, es la moda pue y la moda no incomoda, salvo que se use en un lugar y momento inapropiados.
Pero quizás esto sea lo menos importante, en nuestra época también existieron modas, pero lo que si preocupa y debe captar la atención de los padres de familia es el comportamiento que muestran nuestros hijos en sus centros educativos. Actualmente, gracias a la difusión y respeto por los Derechos del Niño y Adolescente, los profesores están imposibilitados de aplicar cualquier tipo de castigo físico o psicológico a sus educandos ante la ocurrencia de una falta y de hacerlo se exponen a ser separados de su institución educativa.
Por esto, nuestros escolares tienen carta libre para hacer lo que quieran y vaya si lo hacen.
En el nivel primario resulta penoso comprobar, como pequeñitos(as) del primer grado sustraen con una pericia increíble: borradores, colores y cuanto útil escolar les es posible a sus compañeros; y al momento de dar algún examen ya dominan las técnicas del plagio.
Mientras que en cualquier aula de Secundaria es común encontrar a chicos que no hacen las tareas, que destrozan las carpetas, pintan las paredes, golpean a sus compañeros, usan aparatos electrónicos (celulares, MP4, IPOD, PSP etc.) en horas de clase y si se los decomisan al día siguiente aparecen con otros nuevos.
Los profesores y directores gastan su tiempo y tinta enviando anotaciones en las agencias, citando a los padres de familia para informar sobre el mal comportamiento de sus hijos, los pocos que acuden al llamado creen solucionar el problema pagando los destrozos, mientras que la mayoría hace caso omiso o simplemente responde que por motivos de trabajo no les es posible acudir a las horas indicadas, con lo que dan a entender que para ellos es más importante ganar dinero que la educación de sus hijos.
Por eso hay adolescentes que abiertamente desafían a sus profesores, pues saben que sus progenitores nada les harán y muchos de sus problemas los solucionarán simplemente con dinero. Pues así como hay quienes incumplen las tareas hay otros que si las hacen y en gran escala, para venderlas a los relajados e iniciarse así en ¨el mundo de los negocios¨, que también incluye las sopladitas en los exámenes y la ejecución de trabajos grupales. A esto se suma la pobreza ética de algunos docentes que ofrecen clases particulares de reforzamiento para que el alumno pueda probar su curso.
En las universidades el panorama tampoco es alentador, varios jóvenes acuden a clases sin cuaderno ni lapicero para tomar apuntes; la mayoría no estudia o lo hace con desgano sólo para aprobar; y un buen número prefiere derrochar su juventud, inteligencia y propinas en los antros que funcionan en los alrededores de las universidades, perdiéndose en las garras del alcoholismo y las drogas, antes que estar en las aulas y menos involucrarse en las luchas en pro de una mejor formación o en la defensa de los derechos ciudadanos.
En estos días en que se celebra el Día de la Juventud y del Estudiante debemos reflexionar sobre ¿quién o quiénes son los causantes de semejante tragedia en nuestra infancia y juventud? ¿los padres de familia irresponsables que no controlan a sus hijos, los docentes mediocres que no saben cautivar la atención del educando, la sociedad en su conjunto cuya corrupción ya está en la escuela, el sistema? ¿Quién?
Al parecer somos todos y algo tenemos que hacer para detener el descalabro total de las nuevas generaciones. Tenemos que rescatar a nuestros niños y jóvenes, prestándoles más atención; debemos revalorar a los que estudian, son responsables y se esfuerzan por ser cada vez mejores en el deporte, las ciencias y las artes; que no sean los raros de la época, sino los modelos a seguir; el Estado (que somos todos) debe apoyarlos en su desarrollo y evitar que se vayan del País en busca del éxito que aquí no pueden alcanzar.
Hoy cuando todavía no superamos la primera década del Siglo XXI, pensamos que nuestro Perú entre muchas otras muchas cosas, está perdiendo a su más cara fortuna, los jóvenes.
Hace unos días se realizó en nuestra ciudad el Parlamento Infantil y Juvenil organizado por CORITO, evento en el que participaron niños y jóvenes líderes de diferentes instituciones educativas de la Región, quienes reconocieron los graves problemas que confrontan: bajo rendimiento escolar, indisciplina, deficiente formación académica y baja autoestima.
Situaciones de fácil comprobación en cualquier centro educativo (estatal, particular o parroquial), en donde es común ver a chicos del nivel secundario con el pantalón en las caderas, con la camisa afuera, la corbata desubicada y el pelo largo o erizado como ¨pajaritos del monte¨ y las chicas tampoco se quedan atrás, la mayoría se resiste a tener el cabello recogido, es la moda pue y la moda no incomoda, salvo que se use en un lugar y momento inapropiados.
Pero quizás esto sea lo menos importante, en nuestra época también existieron modas, pero lo que si preocupa y debe captar la atención de los padres de familia es el comportamiento que muestran nuestros hijos en sus centros educativos. Actualmente, gracias a la difusión y respeto por los Derechos del Niño y Adolescente, los profesores están imposibilitados de aplicar cualquier tipo de castigo físico o psicológico a sus educandos ante la ocurrencia de una falta y de hacerlo se exponen a ser separados de su institución educativa.
Por esto, nuestros escolares tienen carta libre para hacer lo que quieran y vaya si lo hacen.
En el nivel primario resulta penoso comprobar, como pequeñitos(as) del primer grado sustraen con una pericia increíble: borradores, colores y cuanto útil escolar les es posible a sus compañeros; y al momento de dar algún examen ya dominan las técnicas del plagio.
Mientras que en cualquier aula de Secundaria es común encontrar a chicos que no hacen las tareas, que destrozan las carpetas, pintan las paredes, golpean a sus compañeros, usan aparatos electrónicos (celulares, MP4, IPOD, PSP etc.) en horas de clase y si se los decomisan al día siguiente aparecen con otros nuevos.
Los profesores y directores gastan su tiempo y tinta enviando anotaciones en las agencias, citando a los padres de familia para informar sobre el mal comportamiento de sus hijos, los pocos que acuden al llamado creen solucionar el problema pagando los destrozos, mientras que la mayoría hace caso omiso o simplemente responde que por motivos de trabajo no les es posible acudir a las horas indicadas, con lo que dan a entender que para ellos es más importante ganar dinero que la educación de sus hijos.
Por eso hay adolescentes que abiertamente desafían a sus profesores, pues saben que sus progenitores nada les harán y muchos de sus problemas los solucionarán simplemente con dinero. Pues así como hay quienes incumplen las tareas hay otros que si las hacen y en gran escala, para venderlas a los relajados e iniciarse así en ¨el mundo de los negocios¨, que también incluye las sopladitas en los exámenes y la ejecución de trabajos grupales. A esto se suma la pobreza ética de algunos docentes que ofrecen clases particulares de reforzamiento para que el alumno pueda probar su curso.
En las universidades el panorama tampoco es alentador, varios jóvenes acuden a clases sin cuaderno ni lapicero para tomar apuntes; la mayoría no estudia o lo hace con desgano sólo para aprobar; y un buen número prefiere derrochar su juventud, inteligencia y propinas en los antros que funcionan en los alrededores de las universidades, perdiéndose en las garras del alcoholismo y las drogas, antes que estar en las aulas y menos involucrarse en las luchas en pro de una mejor formación o en la defensa de los derechos ciudadanos.
En estos días en que se celebra el Día de la Juventud y del Estudiante debemos reflexionar sobre ¿quién o quiénes son los causantes de semejante tragedia en nuestra infancia y juventud? ¿los padres de familia irresponsables que no controlan a sus hijos, los docentes mediocres que no saben cautivar la atención del educando, la sociedad en su conjunto cuya corrupción ya está en la escuela, el sistema? ¿Quién?
Al parecer somos todos y algo tenemos que hacer para detener el descalabro total de las nuevas generaciones. Tenemos que rescatar a nuestros niños y jóvenes, prestándoles más atención; debemos revalorar a los que estudian, son responsables y se esfuerzan por ser cada vez mejores en el deporte, las ciencias y las artes; que no sean los raros de la época, sino los modelos a seguir; el Estado (que somos todos) debe apoyarlos en su desarrollo y evitar que se vayan del País en busca del éxito que aquí no pueden alcanzar.
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