LA LLUVIA NO ES UN CASTIGO, SINO UN REGALO DE LA NATURALEZA


Las fuertes precipitaciones pluviales que hemos soportado los arequipeños, después de muchos años, no son más que una demostración del poder la Madre Naturaleza a la cual día a día agredimos sin compasión pensando sólo en la satisfacción de nuestras necesidades del momento.

Las variaciones climatológicas que vivimos son consecuencias del calentamiento global y este es producto de la sobreexplotación de los recursos naturales y de la contaminación del medio ambiente que realiza el hombre, al encender demasiadas luces en sus casas, al consumir combustible para mover sus vehículos, encima en mal estado; al talar árboles y sembrar cemento en campos que fueron verdes.

Y como si eso fuera poco, somos tan audaces y nos creemos muy vivos, cuando construimos casas en terrenos que son lechos de torrenteras y cuando aprovechando la disminución del caudal de los ríos para incrementar nuestros campos de cultivo. Pero nuestra viveza llega a su máximo nivel cuando nos declaramos damnificados, porque la torrentera o el río al retomar su camino arrasó todo aquello que le robó espacio, y pedimos a las autoridades reparaciones y ayudas que sólo nosotros mismos deberíamos sufragar.

Así pues los estragos que ocasionan los aluviones y los huaycos, no son más que respuestas que nos da la naturaleza para hacernos entender que nadie ni nada puede contra ella y que los humanos debemos aprender a respetarla y cuidarla.

De más está querer buscar culpables, cuando los únicos responsables somos nosotros por no saber ser tomar las previsiones del caso y en vez de renegar por tanto lluvia deberíamos agradecer al cielo por enviarnos agua que pondrá verdes nuestras montañas, que llenará nuestras represas, para que no falte el líquido elemento en nuestros hogares y, que limpiará las calles negras por el humo del parque automotor y malolientes por las minerías de los seres vivos.

"Los daños sufridos por las precipitaciones pluviales sólo son el precio que pagamos por nuestros errores, y reconozcamos que la lluvia no es un castigo sino un bello regalo de la naturaleza para sus hijos".

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