PAPA, SOLO QUIERO UN POCO DE TU TIEMPO

Sin temor a equivocarnos, la mayoría de padres de familia pasa mucho más tiempo fuera del hogar que en su casa, y cada vez son menos los papás que comparten juegos con sus hijos y acuden a los centros educativos para informarse sobre sus avances y participar en alguna actividad programada por los colegios.
Es más preocupa que cada vez vaya en aumento el número de hogares deshechos ya sea por falta de comprensión o problemas económicos; debido a esto miles de niños y jóvenes viven sólo con uno de los padres, generalmente sólo con la madre; y hasta hay quienes sólo están al amparo de los abuelos o tíos, debido a que los padres trabajan lejos, fallecieron o simplemente se separaron y contrajeron nuevos compromisos.
Hasta hace unas décadas atrás se creía que la principal misión del padre de familia era proveer de los medios económicos necesarios al hogar e imponer la disciplina cuando fuera necesario; luego con el paso del tiempo y la difusión de la equidad de género; los papás comenzaron a ser partícipes de las labores hogareñas y hasta cumplir roles que antes sólo eran obligación de la madre, como cuidar a los infantes cuando la mamá trabaja o se enferma.
Todo esto lo reconocemos como un buen avance y de hecho que debe incrementarse, pero en los últimos años se está observando, un retroceso, debido al ausentismo de los padres, especialmente de los papás en el proceso educativo de los hijos. Pues no asisten ni a las reuniones programadas por los directores de los plantes, menos a las juntas de las APAFAS (que deberían cambiar de nombre por AMAFAS, dado que generalmente están conformadas por madres de familia), y peor aún a las Escuela de Padres, en donde se comparte experiencias y se llega a importantes conclusiones para una mejor crianza y orientación de los hijos. Y no van simplemente porque dicen no tener tiempo, ya que el trabajo y los negocios son primero.
Esta problemática de la que nos ocupamos justo después de haber celebrado el “Día del Padre” nos debe llamar a una profunda reflexión, porque la familia peruana está en crisis, los hijos ya no guardan el respeto debido a sus progenitores y hoy pasan más tiempo frente a la televisión o en la cabina de Internet que frente a los libros y menos compartiendo en familia; siendo el resultado de esto, más actos violentos en las calles, los jóvenes ya no realizan simples palomilladas como pegarle una cola al amigo o jalarle la silla antes que se siente, sino que llegan a quemarlo el día de su cumpleaños.
El descontrol que vemos en muchos hogares se reproduce a mayor escala en nuestra nación, en donde los “Padres de la Patria”, enceguecidos por la ambición de obtener grandes dividendos por la venta de nuestras empresas y recursos naturales; ya no tienen tiempo de recorrer el Perú profundo ni mucho menos de dialogar con las comunidades para conocer sus necesidades antes de emitir una norma o decidir por su futuro. Producto de esto, levantamientos en la Selva, en la Sierra y en la Costa.
Ser padre no es sólo engendrar hijos y que otros se preocupen de criarlos; ni darles una asignación económica cada cierto tiempo para que supuestamente tengan lo necesario para vivir sin molestar. Ser padre, verdadero padre, es acompañar al hijo en cada etapa de su desarrollo, compartir sus juegos, sus experiencias y ser su mejor amigo. Además de ser un agente activo dentro del proceso educativo para contribuir con el éxito de la formación escolar.
Los beneficios se notarán cuando el hijo (a) alcance la adultez, pues si tuvo un buen padre él también asumirá la paternidad con responsabilidad, será paciente porque le enseñaron a serlo, se dará tiempo siempre para acudir a las reuniones de los colegios de sus hijos, porque será consciente que nada es más importante que la formación de sus retoños y siempre hay algo nuevo que aprender, pues la misión de padre o madre de familia es la tarea más difícil que sólo la cumplen a cabalidad aquellos que realmente quieren a sus hijos.

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